lunes, 2 de noviembre de 2026

EN EL DÍA DE LOS DIFUNTOS, UNA REFLEXIÓN PROFUNDA LLENA DE FE, ESPERANZA Y GRATITUD: "GRATITUD POR HABER COMPARTIDO NUESTRO CAMINO. POR CADA INSTANTE VIVIDO. POR LAS ENSEÑANZAS RECIBIDAS. POR LAS ALEGRÍAS COMPARTIDAS Y, SOBRE TODO, POR EL PRIVILEGIO INMENSO DE HACER CONOCIDO SU AMOR".

 



EL AMOR NO MUERE: PERMANECE EN LA ETERNIDAD





Por Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Experto Constitucionalista-


Hay ausencias que el tiempo no consigue llenar, silencios que ninguna palabra puede romper y recuerdos que, lejos de desvanecerse, se hacen cada día más profundos en el alma.

Hoy, 2 de noviembre, cuando la Iglesia nos invita a recordar y orar por nuestros seres queridos que han partido, mi pensamiento se dirige hacia esa dimensión misteriosa y sagrada de la existencia en la que el amor trasciende las fronteras de la vida terrenal. Porque quienes verdaderamente amamos nunca desaparecen del todo.

Permanecen en nuestros pensamientos, en nuestras decisiones, en los valores que nos enseñaron, en los gestos que repetimos sin darnos cuenta y, especialmente, en esos momentos de silencio en los que sentimos que su presencia sigue acompañando nuestros pasos.

La muerte puede arrebatarnos una mirada, una voz, un abrazo. Puede privarnos de la alegría de compartir una conversación o de volver a escuchar aquellas palabras que tantas veces nos dieron consuelo. Pero existe algo que ni siquiera la muerte consigue destruir: el amor que hemos recibido y el amor que seguimos entregando.

En el Evangelio de san Juan encontramos una de las promesas más conmovedoras de Jesucristo: "Esta es la voluntad del Padre mío: que quien ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día".

Estas palabras nos recuerdan que, para quienes vivimos sostenidos por la fe, la muerte no constituye la última palabra sobre nuestra existencia.

La última palabra pertenece a Dios. Y esa palabra es vida, misericordia y amor.

Cuántas veces, en la intimidad de la noche, cuando el mundo parece detenerse y el silencia nos permite escuchar nuestra propia alma, elevamos una oración por quienes ya no están físicamente a nuestro lado.

No siempre  encontramos las palabras apropiadas. A veces basta un pensamiento, una lágrima contenida, una mirada hacia el cielo o el sencillo acto de cerrar los ojos y recordar.

Porque también el recuerdo puede convertirse en oración, y la oración, en una forma sublime de seguir amando.

Hay personas que nos acompañan durante una parte de nuestro camino y, sin embargo, dejan una huella que permanece durante toda nuestra existencia. Su amor se transforma en fortaleza; sus enseñanzas, en orientación; su recuerdo, en una presencia silenciosa que nos sostiene incluso en los momentos más difíciles.

Con los años comprendemos que la verdadera herencia de quienes amamos no está en aquello que dejaron materialmente, sino en cuanto sembraron dentro de nosotros.

En la bondad que aprendimos de sus manos, en la generosidad de sus corazones, en la dignidad con la que afrontaron la vida y en aquella capacidad infinita de amor sin esperar nada a cambio.

Por eso, recordar a nuestros difuntos no debería ser solamente un ejercicio de tristeza. 

También debe ser un acto de gratitud.

Gratitud por haber compartido nuestro camino. Por cada instante vivido. Por las enseñanzas recibidas. Por las alegrías compartidas y, sobre todo, por el privilegio inmenso de haber conocido su amor.

El libro del Apocalipsis nos ofrece una imagen de extraordinaria belleza espiritual: Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni sufrimiento.

¡Qué hermosa promesa para quienes llevamos en el corazón la nostalgia de un abrazo que ya no podemos dar!

La esperanza cristiana nos enseña precisamente esto: que nuestra historia no termina en la separación y que, más allá de las limitaciones de nuestra existencia terrenal, permanece abierta la promesa del encuentro definitivo con Dios.

San Pablo lo expresa con palabras que hoy adquieren una fuerza especial: "La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones".

Y es esa esperanza la que nos permite seguir adelante.

No porque hayamos dejado de sentir la ausencia, sino porque hemos aprendido a convivir con ella, transformándola lentamente en memoria agradecida, en amor que continúa viviendo. 💓

Amén 🙏 

EL EMBAJADOR DE COLOMBIA ANTE LAS NACIONES UNIDAS, MAURICIO GAONA, ES CONTUNDENTE AL AFIRMAR QUE EL EDITORIAL DE EL ESPECTADOR, PUBLICADO HOY, ES UNA "TERGIVERSACIÓN FLAGRANTE DE MIS PALABRAS". "INTENTA INDUCIR AL PÚBLICO EN ERROR".

 



TITULAR DE EL ESPECTADOR DE HOY...


... "TERGIVERSACIÓN FLAGRANTE DE MIS PALABRAS"...



El Embajador de Colombia ante las Naciones Unidas  (Misión Permanente en Nueva York) el Constitucionalista y Analista Político Internacional, Mauricio Gaona, publicó en su cuenta oficial X la siguiente aclaración:

El editorial del Diario El Espectador publicado hoy constituye una tergiversación flagrante de mis palabras (ante la ONU) con fines políticos: @juanmansantos @elespectador