RESPALDO UNÁNIME DEL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU A COLOMBIA
Con 15 votos a favor, 0 abstenciones, 0 en contra, el Consejo de Seguridad aprueba Resolución sobre Misión de Verificación en Colombia con nuevo enfoque: sin seguridad, la paz es solo una idea.
Gracias, Señora Presidente -Aglaia Balta, Representante Permanente de Grecia ante la ONU-
Escuché con especial atención las intervenciones de mis colegas durante estas sesiones y durante las negociaciones que condujeron a la resolución del Consejo de Seguridad que acabamos de votar por unanimidad.
En nombre de la República de Colombia, le agradezco por su apoyo, su buena voluntad y su comprensión sobre la situación de violencia y las dificultades que enfrentamos.
Sin seguridad, la paz no es más que una idea.
Sin justicia, sin reparación, la paz se convierte en impunidad.
Cuando se viola sistemáticamente el principio de la no repetición y los perpetradores de crímenes de lesa humanidad se convierten en los principales beneficiarios de la paz. La paz misma se convierte en instrumento de conflicto.
Señora Presidente:
Colombia desea agradecer muy especialmente al Reino Unido por sus esfuerzos en la elaboración constructiva de esta resolución.
Agradecemos a los Estados Unidos y agradecemos a todos los miembros que han apoyado esta resolución.
También agradecemos a las Naciones Unidas y, naturalmente, tenemos claro que está resolución implica que la presencia de las Naciones Unidas en Colombia, es tan importante como la presencia del Gobierno.
A veces debemos dejar que la historia cumpla su función estructural: enseñarnos. No importa el conflicto, los ineludibles designios del tiempo nos recuerdan la misma lección: cuando la guerra y la paz chocan, la paz siempre será la opción más inteligente. Sin embargo, este no es el caso ni la realidad en nuestro país.
Lo que hicimos aquí hoy no es ir en contra de la paz. Se trata simplemente de comprender cuáles son las circunstancias en el país, y entender cómo han evolucionado la guerra y el conflicto. Y, por lo tanto, las Naciones Unidas necesitan evolucionar con su mandato para ser más eficaz.
En eso consiste la titularidad nacional, también.
No somos un país que disfrute de los beneficios de un proceso de paz, al contrario, estamos luchando contra algunas de sus consecuencias, estamos luchando contra los carteles de la droga, empoderados, guerrilla, organizaciones criminales, corrupción y desplazamiento forzado.
Todo ello, junto a las devastadoras consecuencias de un terremoto de magnitud 7.4 que sacudió nuestra nación.
Estamos luchando contra todo a la vez.
Permítanme ser claro: el Gobierno de Colombia y los millones de ciudadanos que lo eligieron no están en contra de la paz. Estamos en contra de la impunidad.
Estamos en contra de usar la paz como escudo político para crímenes de lesa humanidad y atrocidades contra los derechos humanos.
Todo ello, mientras se facilita el trabajo de organizaciones criminales, viejas y nuevas, ganan poder y pisotean los derechos más básicos y la dignidad humana de nuestra gente trabajadora.
Por favor, déjenme quitarles la ilusión y las narrativas falsas que, a veces, rodean la idea que se tiene acá de aquellos que se han beneficiado más de este inquietante proceso de paz. Particularmente de aquellos que afirman que el Acuerdo de Paz de 2016 es un modelo para el mundo.
Pues no, para nuestro mundo. No es un modelo para los miles de colombianos que han sido asesinados, secuestrados, objeto de extorsión desde que se firmara el Acuerdo.
Tampoco para el mundo de las mujeres que han sido secuestradas por las guerrillas. Tampoco para el mundo de cientos de niños que han sido reclutados por pandillas, organizaciones criminales y carteles de la droga.
Sencillamente, las cifras no sustentan simplemente el relato y, por lo tanto, era necesario revisar, reducir y hacer que el instrumento sea más efectivo, porque, de nuevo, las circunstancias del conflicto, una vez más, les repito, han cambiado.
Señora Presidente: permítame exponer brevemente porque el Acuerdo de Paz de Colombia firmado en 2016, titulado Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, no ha sido final, no ha sido estable y no ha sido duradera.
El verdadero sacrificio en cualquier proceso de paz lo hacen las víctimas no los victimarios.
La paz no la hacen quienes firman y aparecen en las fotos. La paz la hacen las víctimas bajo el más noble de todos los propósitos, que se acabe el conflicto y que no haya más víctimas.
Empero, victimarios y defensores han sido protagonistas de esta historia.
Si bien las voces de las víctimas dejaron de escucharse, sus números no.
Colombia pasó de tener 20.420 integrantes de grupos armados ilegales en 2016, cuando se firmó el Acuerdo, a 29.004 en 2026.
Esto es un crecimiento cercano al 42 por ciento en diez años.
Si bien se han desmovilizado más de 13.000 integrantes de las Farc, algo positivo que debemos reconocer, varios de esos miembros continuaron delinquiendo, a través de las organizaciones criminales conocidas como disidentes de las Farc, las cuales pasaron de tener 1050 integrantes en 2016 a 10.517 en 2026, multiplicando así su fuerza criminal en una década.
Entre 2022 y 2026 se han registrado 452 masacres, con un saldo de 1579 víctimas en Colombia. En ese mismo lapso se han reportado 2852 secuestros. Y sólo entre 2024 y 2025 se produjo un incremento del 68 por ciento en la cantidad de personas afectadas por eventos de desplazamiento forzado masivo, pasando de 50.000 a 83.874 personas.
Para los colombianos los nombres de Bojayá, Mapiripán, Pueblo Bello, Catatumbo no son sólo lugares donde la paz nunca llegó. Son los rostros y la memoria de víctimas que no dejaremos olvidar.
Desde que se firmó el Acuerdo de Paz en julio de 2016, se han producido 30.478 homicidios en los 170 municipios priorizados por el Acuerdo.
Mientras tanto, la gran mayoría de víctimas siguen sin ser reparadas.
Del valor total de los bienes reportados por el grupo guerrillero Farc, el que firmó el Acuerdo, el 43 por ciento no podía utilizarse para la reparación y el 82.7 por ciento del dinero en efectivo nunca fue entregado, aduciendo que ya estaba en manos del Ejército o que había sido robado.
Con los recursos reportados por las Farc se han reparado únicamente 2356 víctimas, una cifra que palidece frente a las millones de víctimas que ha dejado y continúa dejando el conflicto en Colombia.
El Gobierno de Colombia, liderado por el Presidente Abelardo De La Espriella, sabe que el mandato Constitucional e Internacional de paz y seguridad es un mandato integral.
La verdadera paz se logra con justicia, presencia del Estado y desarrollo territorial en las regiones, incluyendo inversión económica, incluyendo las regiones más apartadas.
Nuestro país reconoce, asimismo, el apoyo y el acompañamiento internacional del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a través de la presencia de la Misión de Verificación de la ONU.
Esta resolución es, sin lugar a dudas, un logro determinante no sólo para mí delegación, sino para todos los miembros que tienen asiento en este órgano.
La votación unánime del Consejo de Naciones Unidas es un mensaje contundente e indubitable. Una Misión de Verificación focalizada, efectiva y alineada con la realidad que experimentan millones de colombianos, tiene mayor probabilidad de ser exitosa.
Colombia agradece, de nuevo, especialmente los esfuerzos del Reino Unido en su calidad de portapluma, así como los miembros del Consejo de Seguridad, por el espíritu constructivo con el que se desarrolló la negociación de la resolución y a cada uno de los miembros: Reino Unido, Somalia, Rusia, Panamá, Pakistán, Liberia, Latvia, Grecia, Francia, Dinamarca, República Democrática del Congo, China, Bahrein y Estados Unidos, a nombre de la República de Colombia, muchas gracias.
Desde el soldado más raso hasta nuestro Jefe de Estado. Desde el compromiso más humilde hasta el empresario más exitoso, los rincones de la Patria han escuchado el clamor incesante de los diez millones de víctimas que ha dejado el conflicto en 60 años. Sin seguridad no hay paz.
Muchas gracias, Señora Presidente.







