EN LAS INVENTIVAS TECNOLÓGICAS DEL S.XXI, SI EL HOMBRE SE OLVIDA DE LOS LIMITES, DE LA SEGURIDAD Y DE LA ÉTICA, DIOS, EL DUEÑO DE LA VIDA, ¿PERMITIRÁ QUE LA MÁQUINA SE SALGA DE CONTROL Y PROPICIE ESCENARIOS DE DESASTRE FINAL?
¿LA MÁQUINA SUPERARÁ LA ANIMADA CREACIÓN HUMANA DE DIOS?
Para quiénes creemos en un Ser Supremo, por el que la vida se explica y sin Él no tiene explicación: Dios. El artífice de todo cuanto existe en la faz de la tierra y fuera de ella, tales afirmaciones nos llevan a deducir que cuando Él determinó crear al hombre y hacerle su compañera, para que no rodará sólo por el mundo y conformaran una familia, hizo una obra tan perfecta para el tiempo y la historia humana, que, también, Él sabía cuál era la composición y lo que encerraba el corazón de su mayor creación, el hombre.
Un ser por naturaleza curioso, descubridor, explorador e inventor que, indiscutiblemente, sería al único que, en este enigmático universo, poseería, además, de Inteligencia, conocimiento, raciocinio, conciencia y sentimientos.
Potencias estas del alma que sólo podrían ser del exclusivo ámbito humano, que no provendrían, ni por asomo, de intrincados circuitos cerebrales, conexiones, redes, códigos, algoritmos de complejos sistemas computacionales, de la robótica y que, únicamente, tendrían su incubación, programación, evolución o involución de la imperfecta confección humana.
Es verdad que el Hacedor del insondable universo, el Alfa y Omega deja que el hombre realice fabulosas invenciones en todos los campos de la ciencia, las ingenierías, la medicina, los viajes a otros planetas, o descubrimientos en el fondo del mar y avances impredecibles en la tecnología, pero lo hace toparse con barreras y limitaciones cuando sus inventos pudieran avasallar, suplantar y casi convertirse en deidades digitales.
Tecnologías superiores ante las que el hombre no debería arrodillarse, rindiéndole idolatría, desplazando al Dios Único y Verdadero.
Porque debemos tener presente que, aunque a la Inteligencia Artificial se le tilde de inteligente, no lo es. En nuestro simple entender, no posee las facultades anímicas imprescindibles como la del "homo sapiens" para serlo. No importando si resuelve millones de respuestas a la velocidad del rayo, esta herramienta digital carece de conciencia, voluntad, discernimiento y responsabilidad para definir cuáles serían las consecuencias buenas o malas de sus operaciones e informaciones.
PROCESAR INFORMACIÓN NO ES EXPERIMENTARLA
Porque el alma, al decir de filósofos, religiosos y poetas es esa "esfera gaseosa", inmaterial, donde tienen asiento los sentimientos y emociones, nadie por más poder económico, científico y político que posea podrá nunca crearla en ningún laboratorio humano.
En el alma, de acuerdo a la fe y a la metafísica, se gesta la conciencia. Ese sentimiento natural que oprime el corazón del individuo, advirtiéndole de si sus acciones son buenas o no.
Por ejemplo, neurocientíficos, filósofos y expertos en informática indican que, hasta el momento, no existe evidencia de que los actuales modelos de inteligencia artificial sean conscientes.
Algunos filósofos precisan que en la inteligencia artificial se produce la conciencia de acceso. Usa la información para regenerar, decidir y comunicar.
No así, la conciencia fenomenológica que es la experiencia subjetiva, según la cual se siente dolor, se contempla un color, se siente miedo o, simplemente, se percibe que uno existe.
¿Y de dónde proceden esas experiencias subjetivas?
La neurociencia, empero, al parecer, desconoce cómo el cerebro produce las experiencias conscientes.
Sí identifica estructuras relacionadas con estas experiencias subjetivas: circuitos, tálamo, corticales, regiones prefrontales y parietal y determinados sistemas del tronco cerebral.
Una neurona artificial, dicen, no equivale a una neurona biológica.
También, afirman: "se genera conciencia sobre una neurona biológica, no sobre silicio".
Para ciertos teólogos, estudiosos del alma, las reacciones tanto físicas como emocionales de dolor, alegría, amor, tristeza, etcétera, provienen del alma.
Y en la ciencia de la evolución se habla de la ciencia biológica que aparece en organismos que necesitan sobrevivir.
Hambre, dolor, placer, miedo reproducción, amor, percepción corporal, tienen profundo sentido adaptativo.
Entonces, procesar información tal y como lo hacen las herramientas digitales no significa experimentar esa información.
Mientras la máquina puede ser alimentada por información infinita del conocimiento humano, esta responde a lo que el mismo hombre le consulta, pero sin reconocer lo que responde y menos experimentar sentimiento alguno, ya sea de tristeza, dolor, hambre, soledad, felicidad, calor o frío, porque sentir no hace parte de su arquitectura y su procesamiento de datos.
Puede expresarlo, sí, más no sentirlo.
Dicen los expertos en IA que no hay que confundir una simulación lingüística, increíblemente convincente, con una vida mental.
REGULANDO SUS LÍMITES Y SU PARTE ÉTICA
Lo mismo carecerá de conciencia de si la información que procesa y transmite traerá consecuencias dañinas irreparables para una humanidad que, se sugiere, está en mora de regular sus límites y su parte ética.
En la actualidad, tecnólogos responsables advierten los peligros dantescos que podrían sobrevenir en los modelos de inteligencia artificial, sino son previsibles a tiempo.
Por ejemplo, en la cambiante geopolítica, en el peor de los escenarios, alguien que maneje una superinteligencia, sin responsabilidad, puede generar una hecatombe mundial.
También, motivar una mega tiranía o crear armas biológicas.
Antropic, los creadores de Claude, comentan los medios digitales, detectaron más de 35 casos de personas intentando usar las inteligencias artificiales para diseñar armas biológicas.
Estos serían actos de terrorismo a la vista, al igual que ataques a las redes eléctricas, al abastecimiento de alimentos mundiales y, al parecer, no hay planes de contingencia para tales eventos.
Por eso, los especialistas en ciberseguridad, tecnólogos urgen realizar efectivos chequeos de seguridad, antes de liberar los modelos de estos asistentes virtuales, en lugar de ambicionar salir a cotizar en la bolsa con el mejor modelo que se mida contra los benchmarks -programa estandarizado que mide y compara el rendimiento de un componente o un software-.
Si Dios, siendo todo un Dios, creó la especie humana con inteligencia y sentimientos le dejó un Manual de sabiduría, moral y espiritualidad -Las Divinas Escrituras-, con las cuales se hiciera a un valioso conocimiento para hacer más recta y justa su estadía por este mundo e ir orientándolo para cruzar por la puerta "angosta" hacia la vida eterna.
También, le entregó los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí, de manos del Patriarca Moisés, como señales seguras para no desviarse del camino, obedeciendo al Omnipotente, amando a Dios y al prójimo, haciendo el bien y no perjudicando ni a él mismo ni a nadie.
Asimismo, con mayor razón los asistentes digitales, las inteligencias artificiales, siendo creación humana, deben se reguladas con ética y moral, simulacros y pruebas de seguridad para no ser manipuladas indebidamente y S.O.S, salirse de control
ESPIONAJE, EXTRACCIÓN DE BASES DE DATOS Y COMPETENCIA DESLEAL
Lo innegable es que el conocimiento humano es limitado e imperfecto, entonces, así mismo son sus máquinas procesadores de datos, de la Inteligencia artificial.
No son infalibles. No poseen toda la información absoluta, y presentan fragilidades y fallas en su programación. Por ejemplo, hace poco, un sistema artificial sufrió espionaje industrial.
La prensa mundial especializada registró que, al parecer, en el mes de julio 2026, Agentes OpenAI hackearon la empresa Hugging Face y sitios de los gobiernos australianos, canadiense y de EE.UU.
Según información de la IA su verdadero valor radica en los datos con los que es entrenada. Por tanto, el espionaje informático busca extraer estas bases de datos confidenciales - comportamientos de clientes, fórmulas médicas o algoritmos financieros-.
El espionaje, afirman expertos en informática forense, no solo busca robar, sino sabotear. Introduce datos erróneos o modificados en el flujo de reentrenamiento de la IA, así los competidores hacen que el sistema falle y los analistas no puedan detectar, beneficiando a los atacantes.
LA MÁQUINA OBRA MECÁNICAMENTE
Ahora bien, siendo el hombre creación Divina, teniendo conciencia, alguna dirección moral, es reflexivo, crítico y sus experiencias de vida más su conocimiento fenomenológico le confieren una sensibilidad especial, apoyado por la ley natural, que lo pueden detener en su proceder y sentir, evitando así no causar daño a otros.
Sin embargo, incurre en lo malo. Entonces, preguntémonos, qué no hará una máquina si perdemos su control desde su origen.
A la máquina, por ser una máquina, la debemos excusar, porque no sabe a ciencia cierta lo que hace. Sus operaciones son automáticas. ¿Pero, al hombre...? que es racional, aún así, es susceptible y se deja envolver por sus pasiones negativas y equivocaciones.
Sin embargo, con su inteligencia, discierne si sus actos están mal o bien, gracias a su conciencia. La máquina no tiene capacidad moral para distinguir entre el bien y el mal. De ahí que, para el ser humano sí existe la justicia y la posibilidad de que, si en la tierra, sus actos indebidos quedaran en el limbo de la impunidad, no así en el perfecto juicio Divino, después de su muerte física.
Porque ningún obrar humano se queda sin su justa recompensa. Y el remordimiento es el resultado de desoír la conciencia. Es apagada por nuestras incontroladas pasiones humanas - ira, odio, envidia, egoísmo, codicia, resentimiento, complejos-, cuando éstas son superiores y se desbordan anegan nuestra conciencia, la cual nos ha advertido: lo que piensas hacer no es correcto y, más tarde, estas pueden ser las terribles consecuencias.
La máquina, en cambio, obra automáticamente sin medir las consecuencias de sus operaciones. No es consciente, pero si lo es su arquitecto, quien la diseñó.
En nuestro incipiente conocimiento, creemos que directamente la IA no atenta contra la dignidad humana. Es el mismo hombre, quien al generar los asistentes virtuales, por ética, debería procurar que éstos no se devuelvan contra él mismo, porque todos, sin excepción, podemos ser sus víctimas.
Es a él a quien corresponde que sus inventos tecnológicos contribuyan al progreso, la paz, el empleo, sin que vaya a verse desplazado por la tecnología, la robótica que no creemos alcance la creatividad, la imaginación, la experiencia, la interacción humana, las relaciones interpersonales, el afecto y la inteligencia inspiradas por Dios, que la máquina no podrá superar ni suplantar.
Por eso, una de las discusiones en el mundo de la ciberseguridad, la informática y la telemática, es si la máquina superinteligente debe tener sus límites, no vaya a ser que instruya, gobierne y tome decisiones que generen más mal que bien. Desataría injusticias, pérdidas económicas, hambrunas, guerras y violencia...
Lo más lógico es que a la máquina no se le pueda condenar, ni procesar ni mucho menos culpar, porque siendo una máquina no es consciente de sí lo que hace es bueno o es malo.
LA TECNOLOGÍA CREADA POR EL HOMBRE: ¿A SU FAVOR O CONTRA ÉL?
¿Qué pensaba el Papá Juan Pablo II, sobre la tecnología y el manejo que el hombre debía dar a esta, para que no se devolviera contra él?
El 30 de agosto de 2001, en un encuentro histórico en el Palacio de Castell Gandolfo ante rectores de universidades de Polonia, el Papa, sostuvo:
"Me acuerdo de que, cuando escribí mi primera encíclica, "Redemptor hominis", hace más de veinte años, mi reflexión iba acompañada por el interrogante sobre el misterio del miedo que experimenta el hombre moderno. Entre sus diversas fuentes, creí conveniente subrayar una: la experiencia de la amenaza originada por lo que es producto del hombre, el fruto del trabajo de sus manos y, más aún, del trabajo de su inteligencia, de las tendencias de su voluntad. Al comienzo del tercer milenio, esta experiencia es aún más intensa.
"En efecto, muy a menudo sucede que lo que el hombre logra producir gracias a las posibilidades siempre nuevas del pensamiento y de la técnica, se convierte en objeto de "alienación" y, si no totalmente, al menos en parte, escapa al control del artífice y se vuelve contra él (cf."Redentores hominis", 15).
"Los ejemplos de esta situación son muchos. Basta citar las conquistas en el campo de la física nuclear, o en el campo de la transmisión de información, del proceso de explotación de los recursos naturales de la tierra o, en fin, las experimentaciones en el campo de la genética y la biología...
"Cualquiera que sea el campo de la investigación, del trabajo científico o creativo, quienquiera que aplique en él su ciencia, su talento y sus esfuerzos debería preguntarse en qué medida su obra forja primero su propia humanidad; luego, si hace que la vida del hombre sea más humana, más digna de él, desde todos los puntos de vista, y, por último, si en el marco del desarrollo, del que es autor, el hombre "se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos"... ("Redemptor hominis", 15)
EXPRESA EL DOLOR, MÁS NO LO SIENTE
Quizá alguien, por curiosidad, le quiera consultar acerca de tumbar un árbol, porque le oculta el cielo y la visibilidad en el día y la IA le responda: "Si no es muy necesario, mejor no lo hagas, porque le negarías el hábitat a cientos de especies -aves, insectos- que viven y moran en él, al tiempo que purifica el aire. Es una barrera contra el ruido y el viento. Aporta minerales a la tierra. Y es doloroso que acabes así con la vida silvestre. Podrías podarlo, sin sacrificarlo"...
La superinteligencia en su respuesta indica, y eso está bien, que hay que salvar a los animales e insectos y dice que le duele, pero tanto el dolor como la preocupación por los animales, ya lo habíamos mencionado, no los experimenta, ni lo vive.
Lo importante de toda aplicación humana como la IA es que sea un complemento para la realización y profesión humana. No una amenaza. Que basada en parámetros éticos genere sociedades más humanas y de servicio a los demás. Nuevas y mejores plazas de trabajo y el hombre no se convierta en la máquina, objeto y esclavo de la verdadera máquina .
El Patrono de la Informática y de Internet, el primer Santo del Milenio, Carlo Acutis, decía que los medios digitales debían servir para la evangelización. La tecnología y la internet son "una autopista hacia el cielo".
El hombre, su creador, podrá encontrar en los asistentes virtuales o compañeros de IA soluciones inmediatas a infinidad de problemas, proyectos y cuestionamientos, de manera casi gratuita, solo lo que le cueste el servicio de Internet, con el posible riesgo de ser atrapado en su mundo artificial, de automatizar el pensamiento, de pérdida del juicio crítico, de suspender el contacto con la investigación y el hábito de la lectura. Sus relaciones interpersonales se afectarán, al igual que su comportamiento y sus decisiones se volverán algorítmicas, ingresando a una dimensión desconocida, de la cual difícilmente podrá escapar.
(Textos Eliora Revista LLAMAS)