¡SEGUIMOS ADELANTE!
Nada ni nadie nos puede robar la esperanza, nada ni nadie nos va a arrebatar la vida eterna, todo lo entregamos desde ayer, y lo entregaremos hoy y siempre, por el triunfo de Nuestro Señor.
Todo lo ofreceremos para que Dios sea conocido y amado por todos…Colombia será luz para el mundo y nosotros veremos brillar a nuestro país victorioso aquí en la tierra ó si llegaran a apagar nuestras vidas, allá en el cielo.
Junto con Gustavo Aponte y con cientos de familias, decidimos dedicar nuestra vida para extender el reino de la Inmaculada y del Sagrado Corazón de Jesús y no existe nada que pueda entorpecer esta misión. San José aceptó acompañarnos y hemos sentido su paternal presencia.
Hoy especialmente decimos un enorme “Gracias” a los sacerdotes que nos han bendecido y acompañado. A los “curitas de Aponte” y de todos nosotros.
Mis hermanos: Que nadie crea que el sacrificio de nuestro hermano fue un fracaso, que ninguno crea que el mal rompió con los planes del Señor ó la sangre de Gustavo Aponte cae en vano.
Este hombre no era un simple empresario, el éxito en este momento de su vida lo tenía sin cuidado, lo cansaba, ya no quería más medallas, ni trofeos, para el vencerse era más importante y con esa lucha, consolar a los que sufrían y extender el reinado de la Virgen Santísima. Lo entendió claro, Dios para él ya lo era todo.
Gustavo se sentía cojo sin su esposa, incompleto sin sus hijos, huérfano sin la Virgencita de Fátima, solo quería más y más Eucaristía. Le daba miedo ser tan débil, tan indigno, pero simplemente corría a los brazos misericordiosos de Dios quien lo recibía en la confesión.
Hoy, su amor brilla sin extinguirse y su entrega por su familia es plena.
Veo las fotos de quienes tanto lo querían y eran obvias las razones. Solo me consideré uno más de tantos que lo llamábamos amigo, queriéndolo y alentándolo en su misión, pero personalmente deja una huella imborrable en mi camino y en mi familia, y hoy, entiendo porque nos decíamos hermanos.
Luis Gabriel Gutiérrez su escolta, también merece que lo recordemos, fue monaguillo en su parroquia, un laico comprometido en su adultez, un hombre muy bueno. También tenia un amor muy grande hacia su familia, la Virgen María le llenaba su buen corazón, también disfrutaba llevar la imagen de Nuestra Señora de un lugar a otro.
Su párroco también llora hoy su partida, su familia también extrañará entre lagrimas a un hombre que trabajó literalmente como un escudo humano.
Para Gustavo al igual que para todo aquel que quiere amar al Señor, no existen norte y sur, ni estrato uno, tres, ni seis, también había un entierro en la otra esquina de nuestra capital, porque cegaron la vida de un soldado de Dios, un guardaespaldas de la Virgen.
Hoy vamos entendiéndolo, todos somos uno como dice el padre “JuanDi”, todos somos hermanos y todos somos Colombia. Todos lloramos y sufrimos, todos nos cansamos del odio, el desamor y el resentimiento.
Y a ustedes señores violentos que por razones primitivas creen que el lenguaje de las armas sirve del lado de la injusticia, les recordamos que no podrán vencer al amor. Nuestro país se levantará tarde o temprano y el sol brillará sobre todos. Pídanle perdón al Señor aún que todavía hay tiempo.
Mientras tanto, a todos, por favor, contemplen la bandera tricolor y miren quien está en el centro de ella, de nuestro país, de nuestras tierras, es Jesús, el Sagrado Corazón de Jesús! el único Hijo de la Virgen María, nuestra Madre y Señora.
Dios nos bendiga a todos, a justos y pecadores, a toda nuestra Patria, nuestra tierra amada, nuestra Tierra Santa.
Dios los bendiga
Felipe Gómez
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