miércoles, 20 de mayo de 2026

¿QUÉ NECESITA COLOMBIA PARA SALVAR SU DESTINO Y SU LIBERTAD? ELEGIR A UN VERDADERO LÍDER DE NACIMIENTO Y DE EXTREMA COHERENCIA, EL TIGRE. Y, ¡DIOS NO LO QUIERA!!! SEAN ESTAS LAS ÚLTIMAS Y DEMOCRÁTICAS ELECCIONES PRESIDENCIALES PARA NUESTRA PATRIA. RECONOCIDO CONSTITUCIONALISTA LLAMA LA ATENCIÓN A LOS COLOMBIANOS AFIRMANDO: "PORQUE EN UN MOMENTO MARCADO POR LA INCERTIDUMBRE -EN SEGURIDAD, EN ECONOMÍA, EN CREDIBILIDAD INSTITUCIONAL-, EL ELECTORADO NO BUSCA UNICAMENTE PROPUESTAS. BUSCA SEÑALES DE DIRECCIÓN. Y ENTRE TODAS ELLAS, HAY UNA QUE NO PUEDE IMPROVISARSE: LA CAPACIDAD DE HABER SIDO ALGO ANTES DE NECESITAR SERLO ELECTORALMENTE"...

Prólogo a una candidatura: la extrema coherencia como criterio de liderazgo 


 



Por Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Derecho Constitucional EUR

No es un elogio electoral. Es un diagnóstico anticipado.

No todas las candidaturas comienzan con una campaña.
Algunas comienzan mucho antes, en el tiempo lento donde se forman las convicciones, se define el carácter y se construye una línea.

En 2020 escribí sobre Abelardo De La Espriella en un texto titulado “De La Espriella, un líder de nacimiento y un gran patriota”, sin horizonte electoral alguno y sin prever que, años después, su nombre ocuparía el centro de una disputa presidencial. No había entonces campaña, ni estrategia, ni cálculo. Había algo más exigente: una lectura. La de un jurista que ya destacaba por la nitidez de sus posiciones, por su independencia frente a las inercias del poder y por su capacidad de intervenir en el espacio público sin adaptarse al clima del momento, sino marcando su propia línea.

No era un posicionamiento político. Era una valoración profesional, formulada al margen del ruido electoral y de cualquier lógica de oportunidad.

Cinco años después, ese punto de partida adquiere otro sentido. No por lo que entonces se afirmó, sino por lo que hoy se confirma: la presencia de un hombre de convicciones firmes, no negociables.

No porque el contexto haya cambiado —que lo ha hecho—, sino porque permite verificar algo más exigente: la continuidad y la extrema coherencia de un liderazgo guiado por principios democráticos de equidad, justicia y libertad.

En un entorno político donde las posiciones se ajustan, los discursos se reformulan y las alianzas se negocian según la conveniencia del momento, la coherencia se ha vuelto un bien escaso y, por ello, un criterio central de juicio. La política puede tolerar la adaptación; lo que no tolera —al menos no sin costo— es la inconsistencia. Lo que entonces fue una valoración individual se convierte hoy en algo más exigente: una prueba, la del tiempo.

Antes de cualquier aspiración presidencial, De La Espriella ya mostraba una línea reconocible: una concepción activa del derecho, una disposición a confrontar estructuras establecidas y una independencia poco habitual frente a los circuitos tradicionales del poder.

No necesitaba un cargo público para ejercer liderazgo

Lo hacía desde su propia capacidad de incidir.

Su intervención ya producía efectos.

Ese dato, que en otro momento podía parecer anecdótico, hoy adquiere relevancia estructural.

Porque el problema del presente no es solo político. Es de credibilidad.

Ese es, quizás, el elemento más relevante en el presente.

Porque en un momento marcado por la incertidumbre —en seguridad, en economía, en credibilidad institucional—, el electorado no busca únicamente propuestas. Busca señales de dirección. Y entre todas ellas, hay una que no puede improvisarse: 

la capacidad de haber sido algo antes de necesitar serlo electoralmente.

Este no es un elogio.
Es una constatación.

La candidatura no crea al candidato.
Lo revela.

En un escenario político marcado por la volatilidad —donde las posiciones se ajustan, las alianzas se redefinen y los discursos se adaptan—, la coherencia ha dejado de ser una virtud secundaria. Se ha convertido en un criterio central de evaluación.

La política puede adaptarse al momento.
La coherencia, en cambio, solo puede demostrarse en el tiempo.

Se sostiene.

Hoy, cinco años después, el país discute exactamente lo mismo:

👉 liderazgo
👉coherencia
👉capacidad de enfrentar el desorden

Lo interesante no es el texto.
Es que el perfil no ha cambiado.

Y en política, eso es lo más raro de encontrar.

En un país donde la seguridad, la estabilidad y la confianza institucional están en tensión, el elector no busca únicamente propuestas. Busca señales. Y entre todas, hay una que pesa más que cualquier otra:

la capacidad de sostener una línea antes de necesitar votos.

No se trata de idealizar trayectorias ni de simplificar debates.
Se trata de distinguir entre lo construido en el tiempo y lo improvisado en la campaña.

Ahí está la diferencia.

Y ahí, también, la decisión.🫡🇨🇴🇨🇴

AMEN

Abelardo De La Espriella, un líder de nacimiento y un gran patriota

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