domingo, 4 de octubre de 2026

SAN FRANCISCO DE ASÍS EL SANTO DE UMBRÍA QUE DOMESTICO A UN LOBO FEROZ, PREDICÓ A LAS AVES, TUVO LOS ESTIGMAS DE LA PASIÓN DE CRISTO, FUE EL SANTO SERÁFICO A QUIEN JESÚS DE NAZARET LE PIDIÓ REPÁRARA SU IGLESIA QUE SE CAÍA EN RUINAS.

 


SAN FRANCISCO DE ASÍS, "LA ORACIÓN HECHA HOMBRE...



EL SANTO QUE ABANDONÓ EL MUNDO, PARA LLEVAR AL MUNDO A DIOS




Así se le denominaba al estigmatizado de Umbría, que llevaba las marcas de la Pasión de Jesucristo, no porque hubieran aparecido en su humanidad espontáneamente, sino porque insistió con bastante oración al Padre Eterno el poder tener el enorme honor de llevarlas, porque quería experimentar en su ser, directamente, el amor y la pasión que el Mesías padeció en la Cruz.  

San Francisco de Asís era un consentido de la vida. Venía de familia comerciante acomodada. Podía, acceder a los títulos de caballero y lograr una posición destacada en la vida militar si, así, él lo quisiera. Sin embargo, renunció a los placeres fugaces de la vida para entregarse del todo a una vida llena de Dios.

Más tarde, Jesús de Nazaret, estando Francisco de rodillas y en éxtasis de oración frente a un crucifijo romano, en la Ermita de San Damián, en las afueras de Asís, vio como los labios del crucificado se movían y por tres veces le ordenó: "Francisco, vete y repara mi Iglesia que, como ves, se cae en ruinas".

Inicialmente, creyó que había que reconstruirle físicamente y así lo hizo, pero, luego comprendió que su reconstrucción era atraer más personas a la fe, sustraerlas del descreimiento y de una vida nada espiritual y relajada moralmente. 

Se le conoce como la "oración hecha hombre" y era un gran devoto de la Santísima Virgen María a Quien amaba y veneraba.

También es llamado el "Padre de la Ecología", por la asombrosa admiración y respeto que experimentaba por todas las criaturas del universo. Asimismo, construyó el primer pesebre con imágenes vivas de que se tenga noticia, en diciembre de 1223.




Y albergaba tanto amor y paz en su corazón que fue capaz de amansar al lobo feroz de Gubio, que atormentaba a la población y asaltaba las casas para robar comida.

Así lo relata la escritora Clara Pardo Bazan, en su obra San Francisco de Asís: "Gubio conserva aun memoria del famoso pacto celebrado entre Francisco y el lobo. Era éste uno de gran corpulencia y voracidad insaciable, que no atacaba solo a los ganados, sino que aún en los viandantes y niños saciaba su rabia; y ya los habitantes de Gubio se habían reunido para batir el monte, resultando infructuoso siempre el ojeo y libre la fiera.

Súpole Francisco, y solo y desarmado, se encaminó al lugar donde se suponía guarecerse el lobo. Salió este con los ojos hechos brasas y abiertas las temerosas fauces; y el Santo le dijo: "En el nombre de Dios te pido que no vuelvas a causar daños"; y la fiera, súbitamente domesticada, vino a acostarse a sus pies. Y, entonces, Francisco la exhortó: "Hermano lobo le decía -muchos daños causas acá: no solo acogotas y devoras los ganados, sino que te atreves a matar a los hombres, imágenes de Dios: mereces, pues, la horca como ladrón y homicida, y toda esta tierra está contra ti. Pero yo hermano lobo, quiero poner paces: si tú no vuelves hacer mal, ellos te perdonarán las pasadas ofensas." Bajó el lobo la cabeza como aprobando. "Hermano lobo -prosiguió el Santo- esta tierra se compromete a alimentarte mientras vivas, porque el hambre no te obligue a ser malvado; pero es fuerza que tú me ofrezcas no atacar nunca a hombres y animales: ¿me lo ofreces? - Y el lobo inclinaba la cabeza.- "Dame señal del contrato". -añadió Francisco-; y el lobo levantó la pata y la colocó en la diestra del Santo...    

Según antiguas crónicas, se decía que el lobo acompañaba a San Francisco a misa y le fue fiel hasta el día en que ya por su vejez, el animal, se despidió de este mundo y del Santo Seráfico.




El Santo de Umbría hablaba con las aves como con cualquier cristiano, que atentas lo escuchaban y lo obedecían.

En otro trozo de la obra titulada "San Francisco de Asís", hace una descripción de la personalidad del Santo: "Hermanos llamaba amorosamente Francisco a los seres todos del universo; a los irracionales hablaba y enseñaba cual si fuesen capaces de razonado juicio; y a su vez atraídos, obedecían y se postraban. Saludábanle todos los conciertos de la naturaleza, como pretende la fábula que saludaron a Ápolo los ruiseñores y las cigarras de Delfos y corrían los seres inferiores a él, como en los primeros virginales días del mundo corrían al hombre, ignorante aún de los crueles ardides de la caza. 

Cuando de Clusio subió Francisco al retiro del monte Albernia, de cada rama de los fresnos y bayas enormes, de cada seto de chaparros y espinos, de cada mata de retama ó tomillo oloroso, salieron piando regocijadas y cánoras aves, que juntas en bandas le hicieron festivo recibimiento con blanda música y se atropellaron a posársele en los hombros, a rodearles muy mansas, por lo cual dijo a su compañero: "Fuerza será parar aquí, ya que los hermanos pajarillos se alegran tanto de vernos".

... "Volviendo un día de Bevagna, vio con admiración el arbolado del camino cubierto de aves diversas que allí se aglomeraran; y entonces dijo a sus compañeros: "Esperadme, que yo voy a predicar a las hermanas aves". Bajándose éstas de las ramas, formaron un semicírculo, y Francisco les habló del Criador que les había prestado alas veloces para ser libres y abrigo de suaves plumas para desafiar la intemperie; de la providencia amorosa que les da sustento y grano, a ellas que ni siembran ni siegan nunca: que les señaló por moradas las regiones de la serena atmósfera, por refugio los recónditos valles y montañas, y por nido gigantescos árboles.

"Mucho os ama vuestro criador, les repetía, cuándo tantos bienes le debéis: guardaos, pues, hermanillas, del pecado de la ingratitud y y alaben siempre vuestras gargantas a Dios"...

... Al cabo, bendiciéndolas, les dio licencia para que volasen. Y mientras Francisco se reprendía a sí propio por no haber pensado antes en predicar a las avecillas, que tan reverentes escuchaban la divina palabra, ellas dispersábanse por el cielo en cuatro bandadas, siguiendo la forma de cruz trazada por el Santo...

(Textos Eliora, Revista LLAMAS)




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