EL PODER TAMBIÉN DESGASTA A QUIEN NO ACEPTA HABERLO PERDIDO
La célebre frase atribuida a Talleyrand y popularizada por Giulio Andreotti conserva, décadas después, una sorprendente actualidad. Pero quizás hoy merezca una reflexión adicional.
Hay momentos en la historia de un país en los que el verdadero desgaste no proviene únicamente de haber perdido el poder. Proviene de no aceptar que una etapa terminó y otra comenzó.
Las democracias viven de la alternativa. Los gobiernos pasan. Las oposiciones cambian. Los ciudadanos deciden. Ese es el fundamento del Estado de Derecho.
Sin embargo, hay quienes parecen incapaces de aceptar el veredicto de las urnas, Continúan instalados en la lógica de la campaña permanente, como si cada titular, cada polémica, y cada ataque pudieran alterar una decisión que ya fue adoptada por millones de ciudadanos.
Mientras tanto, el país sigue otro camino.
El presidente electo recorre las regiones, conforma su equipo de gobierno, sostiene reuniones de trabajo, recibe interlocutores internacionales, define prioridades y prepara la administración que comenzará formalmente con la posesión.
Unos administran al tiempo pensando en el próximo titular.
Otros lo emplean preparando el próximo gobierno.
La democracia exige una oposición fuerte, una prensa libre y un debate público vigoroso. Pero, también exige aceptar que, una vez concluida la contienda electoral, comienza el tiempo de gobernar.
La historia enseña que ningún gobierno se fortalece respondiendo a cada crítica, como tampoco ninguna oposición recupera la confianza ciudadana viviendo únicamente del ataque permanente.
Los pueblos avanzan cuando quienes gobiernan gobiernan y quienes hacen oposición controlan con responsabilidad, no cuando todos permanecen atrapados en una campaña que ya terminó.
Quizá haya llegado el momento de actualizar aquella vieja sentencia.
No solo desgasta no tener el poder.
También desgasta no aceptar que la democracia decidió entregárselo a otros.
Amen 🙏
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