DEL EMPALME AL GOBIERNO
Por Martín Eduardo Botero -Doctorado en (P.h.D) Experto en Derecho Constitucional Europeo-


Durante décadas, en Colombia el empalme entre un gobierno saliente y uno entrante fue entendido como un procedimiento esencialmente administrativo. Su finalidad era sencilla: entregar información, inventarios, contratos, presupuestos y asuntos pendientes para garantizar la continuidad del Estado.
Nada más.
Sin embargo, el proceso que hoy comienza parece anunciar una evolución distinta.
El empalme ya no aparece únicamente como un mecanismo de recepción de información. Empieza a configurarse como un verdadero espacio de construcción del nuevo gobierno.
Las señales son evidentes.
Se crean mesas sectoriales especializadas.
Se designan coordinadores técnicos.
Se conforman equipos integrados por expertos y voluntarios provenientes de distintas regiones del país.
Se incorporan herramientas tecnológicas para el análisis de la gestión pública.
Se anuncia cooperación internacional.
Y, poco a poco, algunos de quienes hoy participan en el empalme comienzan a ser considerados para ocupar las más responsabilidades del Estado.
En otras palabras, el empalme deja de ser solamente un puente entre dos administraciones para convertirse también en una escuela de gobierno, un espacio de selección de liderazgos y un laboratorio de políticas públicas.
Esta evolución puede ser positiva.
Un gobierno que llega preparado gobierna mejor que uno que improvisa.
Conocer previamente el estado de cada sector permite reducir la curva de aprendizaje, acelerar las decisiones y
ofrecer mayor continuidad administrativa.
Pero precisamente porque el empalme adquiere una dimensión mucho más amplia, también aumentan las exigencias institucionales.
Cuanto mayor sea su influencia en la configuración del nuevo Estado, mayor deberá ser su transparencia.
Los ciudadanos tienen derecho a conocer cuál es la naturaleza jurídica de estas mesas de trabajo, cómo se organizan, quién las integra, cuáles son sus competencias, cómo se financian sus actividades y cuál será el destino institucional de los informes que elaboren.
No se trata de desconfianza.
Se trata de coherencia.
Se trata de coherencia.
Cuanto mayor sea su influencia en la configuración del nuevo Estado, mayor deberá ser su transparencia.
Los ciudadanos tienen derecho a conocer cuál es la naturaleza jurídica de estas mesas de trabajo, cómo se organizan, quién las integra, cuáles son sus competencias, cómo se financian sus actividades y cuál será el destino institucional de los informes que elaboren.
No se trata de desconfianza.
Se trata de coherencia.
Se trata de coherencia.
Quien propone construir un gobierno basado en la transparencia debe comenzar haciendo transparente el propio proceso mediante el cual ese gobierno se está construyendo.
La reciente Directiva Conjunta de la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General constituye un primer paso importante. Los órganos de control han recordado las obligaciones del gobierno saliente y han colocado el proceso de transición bajo vigilancia institucional, reafirmando que el empalme no es un asunto exclusivamente político, sino también un deber jurídico a garantizar la continuidad del Estado.
Ahora corresponde completar una arquitectura.
Así como el país conoce cuáles son las obligaciones del gobierno que entrega el poder, también resulta conveniente conocer las reglas que orientan al equipo que lo recibe.
No para imitar su trabajo.
Todo lo contrario.
Para fortalecer su legitimidad.
Quizá estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo modelo colombiano de transición presidencial.
Un modelo de transición ampliada, donde el empalme ya no se limita a recibir documentos, sino que simultáneamente diagnostica la administración saliente, identifica talento, organiza equipos, diseña prioridades y prepara el ejercicio del gobierno antes de la posesión presidencial.
Se ese modelo se consolida, podría convertirse en una valiosa innovación institucional.
Pero toda innovación en un Estado de Derecho necesita reglas claras.
Porque la fortaleza de un gobierno no depende únicamente de la legitimidad obtenida en las urnas.
También depende de la transparencia con la que construye las instituciones que lo acompañarán durante el ejercicio del poder.
Y quizá allí resida la principal enseñanza de este momento histórico el verdadero empalme ya no consiste solamente en recibir el Estado. Consiste en comenzar a construirlo.
Amén.
Todo lo contrario.
Para fortalecer su legitimidad.
Quizá estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo modelo colombiano de transición presidencial.
Un modelo de transición ampliada, donde el empalme ya no se limita a recibir documentos, sino que simultáneamente diagnostica la administración saliente, identifica talento, organiza equipos, diseña prioridades y prepara el ejercicio del gobierno antes de la posesión presidencial.
Se ese modelo se consolida, podría convertirse en una valiosa innovación institucional.
Pero toda innovación en un Estado de Derecho necesita reglas claras.
Porque la fortaleza de un gobierno no depende únicamente de la legitimidad obtenida en las urnas.
También depende de la transparencia con la que construye las instituciones que lo acompañarán durante el ejercicio del poder.
Y quizá allí resida la principal enseñanza de este momento histórico el verdadero empalme ya no consiste solamente en recibir el Estado. Consiste en comenzar a construirlo.
Amén.
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