RETROEXCAVADORAS EXTRAYENDO ORO ANTES QUE VIDAS HUMANAS ENTRE LOS ESCOMBROS
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La ocurrencia de un cataclismo telúrico no se puede prever con exactitud. Es muy probable que el día en que va a dañar, derribar edificaciones, puentes y autopistas, como es natural, nuestros pensamientos naveguen inmersos en un sin fin de diversas ocupaciones, y su irrupción intempestiva nos pueda coger sorpresivamente y sobrepasar el pobre dominio que, nosotros los hombres, podamos ejercer sobre tamaño fenómeno natural. Es totalmente cierto.
Y, también, es cierto que algunos nos preparamos, con anterioridad, para acudir, dirigidos por brigadas a formativos y organizados simulacros, dónde aprendamos qué hacer, cómo protegernos, cómo evacuar y con claridad identifiquemos dónde está nuestro punto de encuentro. Pero ese día, ese preciso y nefando día, el episodio catastrófico, dependiendo su intensidad, magnitud y epicentro, marcará nuestras frágiles existencias en un antes y un después y, donde con seguridad, nada en nuestras existencias volverá a ser lo mismo.
Se pondrán a prueba muchas cosas, en especial, qué tanto sirvieron nuestros entrenamientos del pasado y cómo estaba nuestro país en relación con las comunicaciones, las alertas tempranas, los sensores sísmicos, equipos, la logística, la red de salud, la coordinación entre sí de los organismos de socorro -Bomberos, Rescatistas, Defensa Civil, Ejército-, entre otros recursos preventivos. ¡Y lo que es peor! la consistencia de las propiedades. Su calidad. Sus fallas estructurales y el suelo que las soportaba, que llegan a ser no los lugares seguros, donde va a transcurrir la vida de las familias en paz y tranquilidad, sino sus posibles y más inseguras tumbas.
Y he ahí, amigos lectores, la prueba de fuego que nos señalará la cruda verdad de las profundas hendiduras y vacíos que harán de la emergencia algo más destructivo y mortal que el mismo desastre natural en si, al cual, sin remedio, nos veremos enfrentados.
Este es el tremendo panorama que debieron padecer el 24 de junio, en carne propia, miles de venezolanos con los mega terremotos de ciento veinte segundos, uno de los más largos en duración de la historia y donde, se presume, más de cien mil personas perecieron y cincuenta y cinco mil están desaparecidas.
Sin embargo, los niños y los perros entrenados, durante años, en el rescate de personas prisioneras en estructuras colapsadas fueron la nota de la esperanza, de la fe y de la vida. La sonrisa pacífica de Fabiana, pequeña de doce años, rescatada, nos recordó a Omaira, la valiente niña resiliente, que murió enterrada en el fango en la avalancha de Armero, Tolima, Colombia.
Y los perros de distintas nacionalidades se llevan los efusivos aplausos y condecoraciones mundiales por su capacidad, exactitud y olfato fino para detectar vida entre los más ocultos, estrechos y laberínticos espacios de bloques de concreto, vigas y columnas vencidas por el sismo.
PARA LOS REGÍMENES NARCOTIRANOS EL PUEBLO ES LO DE MENOS
No obstante, toda cara tiene su sello y este último tiene relación con las inmensas grietas que se hicieron presentes por la ausencia total de las herramientas, maquinaria especializada, ambulancias para hacerle frente al poderoso siniestro, Porque, según los especialistas en desastres naturales, las primeras horas son definitivas para adelantar las labores de búsqueda y rescate y de esta manera arrancarle a la intempestiva muerte el mayor número de vidas.
Lo sucedido en Venezuela es terrorífico y se amplifica más cuando sabemos que su régimen autoritario, ilegítimo y ahora interino, desde tiempo atrás, los ha gobernado sin pensar jamás en el bienestar y progreso de su gente, sino en hundirlos en la pobreza, el abandono y el sometimiento. Han sufrido el síndrome de aplastamiento, antes que las moles físicas se les vinieran encima.
Reflejo de ello, son las construcciones que como un pancake cayeron en el violento sacudón de 7.5 que liberó más energía que el de 7.2, además de los fuertes remesones.
Los civiles pusieron hasta de sus depreciados bolsillos para adquirir los elementos más rudimentarios, que pudieran servirles en el angustioso rescate de sus familiares.
Los dolientes sobrevivientes, totalmente indignados, acusan al régimen socialista de poner trabas para la llegada de insumos, de maquinaria, equipos y personal rescatista para atender oportunamente a los damnificados y a las víctimas, muchas de las cuales han fenecido asfixiadas, desangradas y por graves lesiones, esperando el auxilio que se dilató por varias horas y nunca llegó.
Al cumplirse más de una semana del ciclónico sismo han sucedido hechos delictivos provocados por los mismos policías que, sin escrúpulo alguno, se cargaban electrodomésticos y dólares de las ruinosas estructuras, mientras el enfadado pueblo denunciaba, en las redes sociales, la desaparición de siete camiones cargados con las ayudas humanitarias para los damnificados. Además, los rescatistas eran despojados de sus equipos y herramientas por los amigos de lo ajeno, mientras más almas morían, porque había lugares adónde los profesionales de la atención en las emergencias no alcanzaron a llegar o no pudieron cubrir.
Para los venezolanos que perdieron muchos de sus familiares en el fenómeno natural es sobremanera inaceptable ver como las retroexcavadoras tan urgentemente necesarias en la remoción de escombros, estuvieran, en medio de la asoladora devastación, operando en el Arco Minero extrayendo oro para, según protestas de la población, enriquecer más a Zapatero.
..."SOLO UN CRIMINAL IMPEDIRÍA QUE LOS RESCATISTAS LLEGUEN A LAS PERSONAS ATRAPADAS"...
Como, también, lo fue la actitud insolidaria e ineficiente de Diosdado Cabello al obstruir a los cuerpos especializados en rescate estadounidenses. Un periodista venezolano de reconocida trayectoria, en su programa en YouTube CastoOcandoNEWS, se refirió a la reacción que despertó el incidente entre los senadores de la Florida en contra del ministro del interinato: "El senador Rick Scott emitió un mensaje por su cuenta de X indicando que los trabajadores de rescate estadounidense e internacionales, incluyendo los militares de Estados Unidos, deben poder hacer sus trabajos en Venezuela sin interferencias. Ellos están ahí para salvar vidas.
"Cualquiera que se interponga en el camino de esas actividades, incluido Diosdado Cabello, será responsabilizado y enfrentará las consecuencias. Es la última persona que necesita tomar las decisiones aquí. Dejen que los trabajadores de rescate hagan lo que están ahí para hacer"...
"La congresista, María Elvira Salazar, se pronunció, también, en un tono duro y directo mencionando a Diosdado Cabello. 'Solo un criminal impediría que los rescatistas lleguen a las personas atrapadas bajo los escombros. Eso es exactamente lo que es Diosdado Cabello"...
¿QUÉ OCULTABAN ALGUNOS EDIFICIOS SINIESTRADOS?
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En ese mismo programa, el reconocido comunicador Casto Obando, comenta: "Pero más allá del incidente. La gran pregunta que se han hecho muchos analistas y venezolanos en general ha sido esta. '¿Qué está ocultando Diosdado Cabello que no quiere que los rescatistas norteamericanos encuentren bajo los escombros?'
"Diosdado Cabello podría estar usando edificios y apartamentos ubicados en la zona de desastre como centros de acopio de dinero y otros materiales, mercancía ilegal, de acuerdo a reportes y fuentes que lo han investigado a él en el pasado.
"Según unas de estas fuentes la organización criminal de Diosdado Cabello podría haber ocultado en diversos apartamentos en la Guaira grandes cantidades de dinero en efectivo. Me dicen que hasta millón de dólares por apartamento, en centenares de estas viviendas controladas por operadores e incluso colectivos afectos a Diosdado, en esas zonas que fueron impactadas por el fenómeno telúrico.
"Según esa fuente muchas de las viviendas de urbanizaciones como la residencia SUMA en el sector Playa Grande de Catealamar, conocido como urbanismo Hugo Chávez y el otro urbanismo Palma Real en Caraballeda que colapsaron, porque habían sido construidos frágilmente con concreto y anime, estaban bajo control de colectivos y operadores del régimen, que habían recibido, por cierto, esos apartamentos como premio a sus labores a favor del régimen. Y en muchas de estas viviendas, más de ciento noventa, según la fuente, había cajas fuertes que contenían millones de dólares en cash, dinero en efectivo, producto de operaciones ilegales, incluyendo desde luego el tráfico de drogas"...
NO HUBO FRIGORÍFICOS DONDE CONSERVARLOS
Mientras los sobrevivientes, llorando, removían con sus manos llagadas los ladrillos y escombros, no pudiendo hacer más, clamaban a la prensa y a las autoridades, les llegara esa maquinaria para que pudieran levantar las pesadas losas que ellos no podían manipular y así sacar con vida a sus seres queridos sepultados por el peso del engaño y de los movimientos bruscos y sorpresivos que, de vez en cuando, convulsionan la tierra.
Hace cerca de tres décadas que, en Venezuela, nada funciona bien. En los vídeos se observa con horror e impotencia los miles de cadáveres de Catia La Mar y de la Guaira, bastante impactadas por el seísmo, que extendidos por horas sobre el domo de la Guaira, con el sol encima de sus desmembrados miembros y carnes, acusaban grave descomposición, porque no hubo frigoríficos donde conservarlos, en espera de ser depositados en la cantidad de féretros, enfilados uno tras otro, para recibir, al menos, cristiana sepultura.
La Guaira, en donde hasta hacia poco en sus playas sus habitantes iban a nadar, a jugar y a tomar el sol, hoy irónicamente, las ruinas de sus edificios son su tumba y la morgue de extranjeros y lugareños.
Un cuadro patético y muy doloroso que al mundo ha hecho estremecer. Familias enteras, amores eternos de esposos que abrazados se dieron el último adiós, de niños que departían felices en una fiesta de cumpleaños y los cien pequeños beisbolistas que amaban el deporte como los "Criollitos de la Guaira" y en equipo también se despidieron de este mundo.
De hijos que buscaron refugiarse y morir en los amorosos brazos de sus padres o de sus abuelitos y de los pequeños de dos años, rescatados, que cuando los medios les preguntaban por mamá, ellos con indiscutible inocencia, señalando los edificios derruidos, balbuceando, respondían: "Están durmiendo..."
Ahora, sin sus padres, nos preguntamos: ¿Cuál será el destino que les espera a esos miles de bebés en un mundo tan peligroso e incierto?
Pero, también, nos conmovió la historia del bombero venezolano, teniente coronel Oswaldo Guerra que, después de estar atrapado por treinta horas bajo los escombros del Hotel Catimar y ser rescatado, haciendo de "tripas corazón" y con su vocación a flor de piel, continúo sus labores de salvar vidas, pese a que debajo de esas moles de concreto, hacía poco, había perdido a su esposa.
E, igualmente, la historia del futbolista de Córdoba, Argentina, Lucas Trejo, quien está devastado y lo tienen sedado, porque su realidad es terriblemente dura, pues perdió a su esposa e hijos, Aarón (7 años) y Ainhoa (6 años) en el fatal movimiento telúrico.
También en la debacle, surgen milagros de vida entre los escombros, de los cuales mencionaremos los de los menores Mateo de siete años que, en la oscuridad, vio un rayo de luz y de cómo un hombre apareció y le vendó la pierna fracturada y, luego, desapareció, al cual él niño hoy identifica como Nuestro Señor Jesucristo.
Y Moisés, niño de once años, que el grupo especializado en rescate USAR, de Bomberos Bogotá, Colombia, logró salvar, después de permanecer más de 24 horas bajo las derruidas estructuras .
VIVÍAN EN LAS QUE DESPUÉS SERÍAN SUS FUTURAS TUMBAS
La corrupción es el cáncer que ha ido cobrando miles de vidas en el planeta, sobre todo en países donde el comunismo se ha asentado. Esas vidas que hoy cobró el convulsionado movimiento telúrico, quizás, hubieran sido menos, si sus viviendas no hubieran sido construidas en la época de Chávez, con el concurso de los cubanos, en icopor, amine, losas ligeras. ¡La estafa en la construcción!
Entre la población venezolana se dice que los colectivos castro-chavistas por su lealtad al régimen se hicieron acreedores a estas viviendas. ¡Qué ironía!
En la zona de desastre, personal responsable del manejo de los cadáveres les echaban cal para disipar los fuertes olores. Cuerpos que no se podían tocar, porque enseguida explotaban o estallaban.
A Venezuela la catástrofe la "cogió desprevenida". No contó con las herramientas necesarias para responder con eficiencia ante los eventos sísmicos.
Sin equipamientos, ambulancias, medicamentos y otros elementos el piso se les movió más de lo debido. No obstante, hay que resaltar cómo miles de manos de voluntarios locales, cuando el régimen obstaculizó el rápido ingreso de los expertos en rescate del mundo, se dieron a la incansable tarea de improvisar, con lo que podían, elementos para ayudar a sacar de debajo de las tenebrosas montañas de concreto a quiénes mostraban señales de vida. El lema de los atribulados venezolanos por la insolidaridad del régimen fue: "Venezolano salva a Venezolano".
Pero la desafiante labor tenía un límite, que solo podía ser salvable por los organismos de rescate internacionales que iban llegando de distintos puntos del globo y que disponían de los equipos y la tecnología para remover lo más duro y pesado, mientras situaban sus carpas de campaña para asistir a los lesionados y traumatizados.
Crédito Nasa
Entre tanto, los radares de la tecnología satelital de la Nasa indicaron que al menos cincuenta y nueve mil estructuras habían sido seriamente dañadas por el sismo.
E informes en los medios digitales y de organizaciones mundiales señalaban que los muertos por la hecatombe telúrica podrían ascender a más de cien mil.
Y es que aunque el país contara con los equipos, la maquinaria y la red de salud en óptimo funcionamiento, con amplia capacidad para la atención de las víctimas, es tal la cifra de venezolanos afectados que hubiera sido imposible su rescate y atención médica.
Algo que, también, produjo desazón era ver a demacrados damnificados que aseguraban a los medios que debajo de algunas estructuras colapsadas aún había personas con vida y suplicaban no marcaran el lugar para identificarlo como un sitio donde ya no había nada qué hacer.
Y situaciones inverosímiles seguían sucediendo ante los ojos de todos y es que siendo Venezuela uno de los países del planeta con mayores reservas de petróleo, sus retroexcavadoras tampoco pudieron operar en la remoción por falta de gasoil. Lo que acentuó aun más la tragedia.
Son tan vergonzosas las cosas que pasaron durante el evento natural, que los voluntarios venezolanos vieron como los heridos y golpeados se desangraban, porque no había paramédicos que les cosieran la herida o les hiciera un torniquete y debido a ello morían.
En esta carrera angustiosa contra el tiempo, los profesionales en búsqueda y rescate solicitaban a través de la prensa digital, les hicieran llegar plantas eléctricas, grúas telescópicas, equipos para remover escombros -martillos, cizallas, pulverizadoras, motosierras, sierras de sable, taladros, palancas, gatos hidráulicos, cuerdas-. Carpas. Antena Starlink, colchones, gasoil, entre otros elementos especializados.
PERROS SALVAVIDAS
El coronel Wissinger, Jefe del Contingente argentino, relató a Clarín su labor junto a su canino rescatista. "Nos convocaron para que nuestro perro pudiera dar la certeza de si había vida o no. Esto es devastador. La ciudad entera está devastada. Y no solamente eso, seguimos con problemas, porque hoy tuvimos un movimiento sísmico y el epicentro fue precisamente en este lugar. En la mañana habíamos trabajado mucho. Habíamos sacado solamente cuerpos sin vida.
"Después de trabajar en otro lugar, nos convocaron, así nuestro perro marcó el objetivo. Marcó, sobre todo, la dirección y había que trabajar. Eso es muy importante, porque el tiempo es oro.
"El perro, realmente, Bart - Pastor Belga Malinois- tuvo un desempeño extraordinario, porque logro salir que, a veces, es problemático, cuando el perro se mete, siempre donde después le cuesta salir. Y salió.
"El veterinario el teniente de fragata Núñez, al igual que el agente civil Girotti, lograron hacer contacto con el perro que es lo importante. Las señas que el perro emite y, bueno, se llegó a la conclusión de que ahí había vida y había dos personas menores y a las cinco de la mañana las sacaron finalmente con vida.
"Bart trabaja hace cinco años. Es miembro de la Armada Argentina y, realmente, está muy capacitado y es un perro que siempre nos da satisfacción, porque se destaca entre sus pares".
Pero, después del gigaterremoto en Venezuela, de las audacias del perro argentino Bart, llega un Tsunami, sí un Tsunami, también peludo y de cuatro patas, que rompe con los récords de búsqueda y rescate del planeta, al ser el perro que más gente salvó con vida en la actual catástrofe venezolana. Veinticinco personas.
Tsunami es un Border Colly, un can heterocrómico, pues tiene un ojo marrón y el otro azul, que lo diferencian de los demás canes de los equipos de salvamente.
Antes de ser rescatista fue rescatado. Llegó a la Asociación Prodefensa de los Animales de Venezuela siendo un cachorro desnutrido y maltratado. Con el tiempo y entrenado participó en los deslaves de las tejerías en Aragua y en los terremotos de Turquía y Siria, formando parte de la Fuerza de Tarea Humanitaria Simón Bolívar, convirtiéndose en un héroe internacional.
Cada contingencia deja consigo muy fuertes lecciones que nos devastan más que el mismo desastre. Nos devela, como mientras en unos aflora el espíritu de servicio, de ayuda y con su corazón y manos bendecidas se aprestan a remover ladrillos, piedras, vigas, todo lo que resisten cargar, además de la recolección de las vituallas direccionadas a los sobrevivientes, otros, en cambio, ¡qué dolor y qué grima! causan en el ánimo de sus coterráneos, pues usan sus manos no para servir, sino para esconder sus codiciosos delitos y perversas acciones, hoy devoradas y pulverizadas en las ruinas que ellos mismos fueron configurando y donde la justicia Divina, quizá, confabulada con los desahogos de la naturaleza destapó, mientras sus 'hermanos' , atrapados en los destrozos de concreto, fueron muriendo sin que en nada se conmovieran.
Por eso, aquí se cumple esta infalible sentencia popular: "Para la verdad tiempo, para la justicia Dios. (Textos Eliora, Revista LLAMAS)
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