LA IA TENDRÁ LAS RESPUESTAS: EL JURISTA DEBERÁ TENER LAS PREGUNTAS
Por Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Experto Constitucionalista-
Hay un consejo recientemente atribuido a Elon Musk que merece ser escuchado con particular atención en las facultades de Derecho: frente al avance de la Inteligencia artificial, los jóvenes deberían adquirir la formación más amplia posible. Artes, ciencia, ingeniería, cultura general.
No encerrarse prematuramente en una sola habilidad.
Trasladado al Derecho el mensaje resulta todavía más inquietante.
Durante generaciones hemos formado abogados bajo un modelo basado, en buena medida, en la acumulación de conocimiento: conocer la ley, recordar la jurisprudencia, dominar la doctrina, localizar el precedente y construir con todo ello un argumento jurídico.
La inteligencia artificial está alterando radicalmente este paradigma.
Una máquina puede localizar en segundos cientos de decisiones judiciales, comparar legislaciones, resumir expedientes, construir líneas jurisprudenciales y elaborar un primer borrador de una demanda, una sentencia o un concepto jurídico. Mañana lo hará mejor.
La pregunta, entonces, no es si la inteligencia artificial conocerá el Derecho.
Lo conocerá.
La verdadera pregunta es otra:
¿qué deberá saber el jurista cuando la máquina pueda proporcionarle casi instantáneamente aquello que antes tardaba horas, días o semanas en encontrar?
La respuesta comienza por una paradoja:
tendremos que volver a formar juristas, no simplemente operadores jurídicos.
SABER PREGUNTAR
La primera competencia del abogado del futuro será identificar el problema.
Una inteligencia artificial puede ofrecer miles de respuestas. Pero alguien tendrá que determinar cuál es la pregunta jurídicamente relevante.
Y preguntar bien exige conocimiento.
Quien desconoce historia formulará preguntas pobres sobre instituciones. Quien ignora filosofía difícilmente advertirá el conflicto entre legalidad y legitimidad.
Quien no comprende economía tendrá dificultades para anticipar las consecuencias de determinadas regulaciones. Quien desconoce ciencia y tecnología pretenderá regular fenómenos que no comprende.
Por eso la formación humanística no desaparece con la inteligencia artificial.
Se vuelve más necesaria.
INFORMACIÓN NO ES CONOCIMIENTO
Existe además un peligro que las facultades de Derecho deberían enseñar desde ahora.
La velocidad puede producir una ilusión de conocimiento.
Que una inteligencia artificial entregue en diez segundos veinte sentencias no significa que quien las reciba comprenda el problema jurídico.
Una cita puede ser incorrecta. Una jurisprudencia puede haber cambiado. Una analogía puede resultar falsa. Una fuente puede no existir.
Y una conclusión impecablemente redactada puede ser jurídicamente equivocada.
El jurista del futuro deberá desarrollar una virtud antigua:
La duda.
Verificar, contrastar. Preguntar nuevamente. Buscar la fuente primaria. Identificar qué información falta. Descubrir qué presupuesto escondido sostiene aparentemente una conclusión.
JUECES, FISCALES Y ABOGADOS
El desafío no corresponde únicamente a los estudiantes.
También alcanza a magistrados, jueces, fiscales, defensores, procuradores, profesores y funcionarios públicos.
La inteligencia artificial puede ayudar a examinar miles de folios, detectar patrones, ordenar pruebas, encontrar precedentes o identificar contradicciones.
Pero aparece entonces una pregunta constitucional formidable:
¿hasta dónde podemos permitir que una máquina partícipe en el ejercicio del poder jurídico sobre otro ser humano?
Porque una recomendación algorítmica puede terminar influyendo sobre la libertad de una persona, su patrimonio, sus derechos, su familia o incluso sobre la determinación de su responsabilidad penal.
Y en ese momento ya no estamos hablando simplemente de tecnología.
Estamos hablando de poder.
Sigue...
Amén 🙏
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