..."VIRGEN DE FÁTIMA ES MENSAJERA DE SALVACIÓN EN UN MUNDO SUMIDO EN UN ABISMO DE FANGO Y DE SANGRE"...
Lo que pasó el viernes 28 de agosto en Colombia con la Velatón de Oración por las víctimas del terremoto del diez de agosto, en la Plaza de Bolívar, convocado por la Primera Dama de la Nación, Ana Lucía Pineda y su esposo el Presidente de La República, Abelardo De La Espriella, y que se replicó en distintas partes del país, nos remontó a los momentos épicos del Libertador Simón Bolívar, cuando muchas de sus numerosas gestas las ofreció con absoluta fe a la Virgen María y Ella las selló con triunfo apoteósico, hasta, finalmente, derrotar a los enemigos de la libertad y romper las cadenas de la esclavitud de los pobladores de la Nueva Granada, del dominio de la autocracia monárquica de ese entonces.
Ahora es el Mandatario de los Colombianos, quien desde el instante en que asumió el Primer Cargo de la Nación, no la ha tenido nada fácil, por los momentos anárquicos que ha vivido y vive la República, invadida por la peor y cada vez más extendida laya de organizaciones criminales, de grupos auspiciados por empresas ilegales del narcotráfico, la minería ilegal y el reclutamiento timador de menores en sus oscuras filas.
Y que no habían puesto ni un sólo pie, de manera formal, él, como Presidente en funciones y su equipo de Gobierno, cuando el suelo colombiano es sacudido por un poderoso seísmo de 7.4 grados en la escala de Richter y la muerte, la desolación y la destrucción causaron los peores estragos en tres departamentos: Chocó, Valle del Cauca, Eje Cafetero y daños menos considerables en quince departamentos de la cosmografía colombiana.
Cali. Foto EFE Ernesto Guzmán
Mientras los colombianos no alcanzaban a digerir lo ocurrido, donde la tierra no daba el mejor recibimiento al Presidente, el Tigre, que conquistó el corazón de las mayorías y rescató de las manos siniestras del progresismo nuestra democracia y libertad y en donde él obrando a la altura del verdadero líder, el adalid de las soluciones, sin demora alguna, se hizo presente junto con su Viceministro y algunos de sus Ministros en las zonas de desastre y desplegó con la misma fuerza del fenómeno natural a todos los organismos de socorro nacionales e internacionales, convirtiéndose, hoy día, en modelo en Latinoamérica en la atención eficiente y oportuna en desastres de gran envergadura.
OTRO TERREMOTO ESTREMECÍA LA NACIÓN
Ejército activa vuelos nocturnos. Moviliza 310 soldados. Foto Gobernación del Tolima, Juan Antonio Sánchez
Aprovechando la apremiante situación que ha mantenido en vilo a las autoridades del Estado y ha despertado el espíritu solidario de empresarios de todo orden y de los colombianos, otro terremoto, no de origen natural, pero sí concebido por mentes humanas desestabilizadores del orden social, insolidarios, enemigos de la paz e inclinados a la subversión, estremecía la seguridad de la Nación.
No ha concluido el mes de agosto cuando en el suroccidente de Colombia - Tambo, Cauca- se ha vivido una escalada de ataques con drones y explosivos en contra de la Fuerza Pública, ocasionando graves daños estructurales.
La muerte de policías se ha venido sucediendo semanas atrás.
En Norosí, Bolívar, el 19 de agosto, drones armados y ráfagas de fusil atentaron contra la estación de policía. Siete uniformados fueron heridos.
Pero, como si esto fuera poco, los incendios forestales progresivos en todo el mes de agosto en el Tolima -que sigue ardiendo-, dejan enormes pérdidas en los ecosistemas y en el renglón agropecuario. Hay serios indicios de ser provocados por manos criminales y de estar relacionados con los ataques de grupos armados en el país.
Sin embargo, y como lo ha expresado indistintamente a la prensa, el Mandatario de los colombianos: "Dios delega sus peores batallas a sus mejores soldados". Y él, su admirada familia, su esposa, Ana Lucía Pineda y su Viceministro, José Manuel Restrepo, cónyuge, Tatiana Céspedes e hijos si, en verdad, son los soldados de la Virgen de los últimos tiempos. Y decimos últimos tiempos, porque nunca como antes la maldad, sin prejuicio alguno, ha aumentado, tanto que ya no alcanzamos a distinguir si algo es bueno o malo, oscuro o claro, verdadero o falso.
REINA DE LOS COLOMBIANOS
En momento propicio la Virgen de Fátima, con sus heraldos del Evangelio, Los Caballeros de la Virgen, y quien, desde hace años, sedujo el corazón de nuestro Presidente, él como la máxima autoridad del país, la corona, declarándola Reina de todos los colombianos.
Entonces, Ella que, al morir su hijo Jesús en la Cruz, se convirtió en la Madre Dolorosa, la que llevaría en su pecho los Siete Dolores profetizados por Simeón, nos enseña el valor para transformar el dolor en fortaleza, en sabiduría, en crecimiento y en cambio positivo.
El Velatón del 28 de agosto nos deja el mensaje maternal de María a todos sus hijos, que atravesamos por el desierto incomprensible y glacial del dolor y de cómo ese dolor puede aportar fructíferas lecciones de bien, esperanza, fe, reconciliación, unidad, paz y solidaridad.
En este artículo hemos querido reseñar algunos pasajes del histórico homenaje a las víctimas del terremoto, sin por ello dejar de mencionar que, en su totalidad, fue una presentación de música cristiana-católica, de oración, de alabanza, de luz y de reflexión impecable, a la altura de un público de fe, sensible, respetuoso y culto.
LOS DUELOS QUE SE DESPRENDEN DE LA TRAGEDIA
Foto EFE Mario Baos
Considerando que la herida del dolor de los colombianos que, sin planearlo, debieron pasar por el cedazo del sufrimiento a causa de este evento telúrico, demorará en cerrar, porque lo que constituía su vida, lo que les era familiar, sus seres amados, sus amigos del corazón, partieron sin, ni siquiera, haberse dicho un último adiós.
El suelo que otrora pisaron ya no volverá a ser el mismo.
Es una catástrofe que, así no se quiera, admite un sufrimiento duradero y distintos duelos a la vez.
Hay duelo por los seres queridos que, intempestivamente, nos dejaron y suele ser el más duro de todos.
Hay duelo por las mascotas que, también, partieron.
Duelo, por las seguridades y los techos colapsados.
Duelo, por los negocios y empresas a los cuales, posiblemente, se invirtió gran parte de la existencia y ya no están.
Duelo, por los amigos y vecinos desaparecidos.
Duelo, por la impotencia e incertidumbre que esa critica situación conlleva.
Duelo, por los templos y parroquias averiados donde la gente solía concurrir.
Duelo, por los colegios y universidades desplomados.
Es lo conocido que deja de serlo y la identidad del sobreviviente se pierde en un mundo confuso de escombros y destrucción.
Pero ese duelo que nos sobrepasa, solamente y únicamente, es posible superarlo si nos refugiamos en Dios, porque no hay herida, duras pruebas que Él no pueda ayudarnos a sanar.
Esta es la invitación esperanzadora que uno de los pasajes del Libro Sagrado, Mateo 25: 1,13, nos hace de mantener nuestras lámparas encendidas, porque no sabemos ni el día ni la hora en que partiremos de este mundo, para entregar cuentas ante el tribunal infalible de la justicia divina.
"Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir".
PALABRAS DE LA PRIMERA DAMA
Muy buenas noches a todos.
Antes de dar inicio a esta jornada, deseo expresar un saludo de solidaridad y respeto con las víctimas del reciente terremoto ocurrido en nuestro país.
Elevamos nuestras oraciones por quiénes han resultado afectados y reiteramos nuestro mensaje de cercanía, de fraternidad y de esperanza en los momentos más difíciles.
Presidente de la República, Abelardo De La Espriella. Vicepresidente de la República, Doctor José Manuel Restrepo y su esposa Tati Céspedes. Señoras y Señores, Ministros del despacho, Congresistas de la República, Representantes de los Organismos Internacionales y Cuerpo Diplomático acreditado en Colombia, Alcalde Mayor de la ciudad de Bogotá, doctor Carlos Fernando Galán y su esposa, la gestora social, Carolina Acosta.
Señor Gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, y su esposa, la gestora social, Alexandra Pulido.
Gestora social de la ciudad de Santiago de Cali, Taliana María Vargas Carrillo. Capellán de la Presidencia de la República, Presbítero Rodolfo Andrés Londoño. Líderes interreligiosos invitados. Directores de Departamentos Administrativos Nacionales. Representantes del sector gremial y empresarial. Medios de Comunicación locales, nacionales e internacionales y un saludo a todos los asistentes presentes en la Plaza de Bolívar de la ciudad de Bogotá y a todos los colombianos que están participando en esta ceremonia.
Queridos colombianos, me dirijo a ustedes con un profundo dolor por lo sucedido el pasado 10 de agosto.
Mi corazón está con las víctimas, sus familias y cada una de las personas que resultaron damnificadas.
Pero junto a este dolor también nace un profundo sentimiento de gratitud, gracias a la solidaridad de los colombianos que una vez más demostramos que cuando nos unimos somos una gran red de apoyo.
Gracias a cada donante, a los voluntarios, a las empresas, a las organizaciones y a todas las personas que tendieron su mano e hicieron posible llegar a los territorios afectados con gestos de amor, ayudas humanitarias y acompañamiento psicológico.
Hoy elevamos nuestra mirada a Dios y le damos gracias, porque nos permitió unirnos en oración, pidiendo por la reconstrucción de los territorios, pero también y más importante por la restauración de cada familia afectada y sobre todo porque nunca perdamos la esperanza.
Colombia se une, Colombia se acompaña y Colombia vuelve a levantarse.
Que Dios bendiga a cada familia, que Dios nos llene de fortaleza para seguir caminando juntos, llevando luz, amor y esperanza a quiénes más lo necesitan.
Vamos Colombia, que somos fuertes, unidos somos más, y con el favor de Dios y el apoyo de todos ustedes, saldremos adelante.
Buenas noches, y muchísimas gracias a todos por estar aquí.
DOLOR QUE SE CONVIERTE EN RECONSTRUCCIÓN
A continuación hemos sintetizado el mensaje de reflexión bíblica que hicieron expositores de diversos credos y denominaciones en la Velatón por las víctimas de la catástrofe, de los siete dolores de la Virgen como contribución a la paz y a la reconstrucción de la mejor Patria Milagro.
Primer dolor: La profecía de Simeón - Presentación del Niño Jesús en el Templo-.
Es la pérdida de seres amados en el terremoto.
Es levantar al país en la solidaridad y la oración.
Segundo dolor: La huida a Egipto.
El Señor le dijo a José: "Levántate, toma al Niño y a la Madre y huye a Egipto y quédate hasta que yo te avise".
Desplazamiento de familias colombianas de sus tierras por la violencia y el terremoto es la otra violencia que les quitó el hogar a muchos.
La resurrección de Lázaro es la resurrección de Colombia que se levanta hacia la Patria Milagro.
José, obedeciendo al ángel, regresa a su tierra Nazaret, porque el progreso y la esperanza le esperan.
Tercer dolor: Jesús perdido y hallado en el templo.
Unidad de Colombia.
Pérdida y encuentro.
Colombia, durante años, perdida en la división, el odio, el resentimiento, el señalamiento.
La diferencia se convierte en enemistad.
Trabajar en el bien común y la fraternidad.
El amor destruye el temor.
Humildad para escuchar.
Libertad para reconocer lo bueno en quién piensa diferente.
Abrirnos al hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas.
Cuarto dolor: El Encuentro de María con Jesús Camino al Calvario.
Jesús es la piedra angular
Toda la reconstrucción de la Nación quede bien ensamblada.
Reconstruir un país nunca consiste solamente en levantar estructuras.
La reconstrucción no solamente tiene que ser material, sino también humana, social y espiritual.
El dolor debe ir acompañado de un gozo, de una esperanza y ahí es donde entramos nosotros.
Simón de Cirene es cada uno de nosotros.
Damos gracias por la generosidad de tantos compatriotas.
Quinto dolor: María permanece al pie de la Cruz.
Reconciliación.
Reconciliar no significa decir que nada ocurrió. No significa olvidar a las víctimas.
No significa renunciar a la verdad.
No significa sustituir la justicia por la impunidad.
Reconciliación: auténtica necesidad de verdad, justicia, reparación, memoria y no permitir que el odio continúe reproduciendo el mal.
Sanear, reparar y reconciliación.
Sexto dolor: Jesús es bajado de la Cruz.
¿Por qué en un campo puede surgir la maleza?
Porque la maleza surge si dejamos de sembrar lo bueno.
Necesitamos como José de Arimatea entender que guardar silencio, escondernos, no es lo que va a levantar este país.
Puede ser la Patria Milagro, si los que están en la comodidad salen de la comodidad y deciden aportar algo para nuestra Nación.
Valentía para decir que la respuesta para Colombia se llama Jesucristo.
La vida de Colombia está escondida en Jesucristo.
Nos levantaremos a ser la Nación Milagro, que se volverá ejemplo para las naciones de la tierra.
Queremos darte gracias por quiénes están sosteniendo a Colombia con valentía, con fe, sin dejarse intimidar, sino confiando en tú respaldo y en tú fuerza a favor de nosotros.
Oremos por rescatistas, bomberos, médicos y quiénes protegen y sirven. Por cada voluntario que ha salido de su comunidad y ha ido a prestar un mejor servicio.
Por las organizaciones humanitarias. Las comunidades de fe, por quiénes donan con generosidad, por aquellos que trabajan silenciosamente.
Séptimo dolor: Jesús es colocado en el sepulcro.
El dolor no tendrá la última palabra.
Eso necesariamente pasa con Colombia, no una esperanza ingenua, sino esperanza comprometida.
Esperar no significa sentarse.
Esperar es creer que existe un futuro y comenzar a trabajar por él.
La pregunta no puede ser solamente, ¿cómo vamos a reconstruir a Colombia? sino, ¿qué Colombia queremos hoy reconstruir?
Reconstruir una Colombia mejor.
Reconstruir viviendas, pero también confianza.
Reconstruir carreteras, pero también caminos de encuentro.
Reconstruir escuelas, pero también enseñar a nuestros hijos que quiénes piensan diferente no son nuestros enemigos.
Reconstruir hospitales, pero también una cultura que cuide la vida.
Esperanza que trabaje, que sirva, que construya, que reconcilie.
Transforma, Señor, nuestro dolor en solidaridad, en fraternidad y una manera de construir a Colombia.
(Textos Eliora Revista LLAMAS)
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