MAÑANA HABLARÁ LA HISTORIA
Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Experto Derecho Constitucional-
Y hay días que terminan perteneciendo a la memoria de una nación.
Mañana Colombia despertará siendo la misma tierra de siempre.
La misma geografía.
Las mismas montañas.
Los mismos ríos.
Pero habrá cambiado algo invisible y, sin embargo, inmenso.
Habrá cambiado la responsabilidad de conducir el destino de la República.
Las democracias no celebran únicamente la victoria de un candidato.
Celebran algo mucho más profundo.
La certeza de que el poder no pertenece a los hombres.
Pertenece al pueblo.
Y el pueblo, soberanamente, lo entrega y lo recupera una y otra vez mediante la fuerza de las urnas y de la Constitución.
Mañana no jurará solamente un Presidente.
Jurará una esperanza.
Jurará un compromiso.
Jurará una promesa hecha ante millones de colombianos.
La verdadera grandeza del poder no consiste en conquistarlo.
Consiste en saber para quién se ejerce.
Por eso las posesiones presidenciales poseen un significado que trasciende cualquier gobierno.
Son el recordatorio de que la República siempre es más grande que quienes la dirigen.
Que las instituciones sobreviven a las pasiones políticas.
Que Colombia continúa caminando.
Y mañana caminará nuevamente.
Muchos hemos seguido este camino desde hace meses.
Escribimos.
Reflexionamos.
Debatimos.
Defendimos ideas.
Creímos que era posible abrir una nueva etapa. No por la perfección de los hombres, sino por la fuerza de los principios y por la esperanza de un país que nunca renunció a soñar.
Hoy no corresponde celebrar una victoria como un punto de llegada.
Corresponde asumirla como el comienzo de una inmensa responsabilidad.
Porque desde mañana cada palabra deberá convertirse en decisión.
Cada promesa en política pública.
Cada ideal en servicio.
Y cada acto de gobierno será juzgado por la historia y por las generaciones que vendrán.
Agradezco a Dios el privilegio de poder estar presente en este momento.
No como espectador de un acto protocolario.
Sino como testigo de una página que comienza a escribirse en la historia de Colombia.
He vivido muchos años lejos de mi patria. Pero nunca lejos de su destino.
Por eso mañana llevaré conmigo la gratitud de quien vuelve a encontrar, en el corazón de Colombia, la razón por la cual nunca dejó de creer en ella.
Que Dios bendiga al Presidente que prestará juramento.
Que conceda sabiduría a quienes asumirán el gobierno.
Y que bendiga, sobre todo, a esta tierra extraordinaria que tantas veces cayó y tantas veces volvió a levantarse.
Porque las naciones verdaderamente grandes no son las que nunca sufren.
Son las que jamás pierden la esperanza.
Mañana no termina una historia. Mañana comienza una nueva página de la República.
¡Que Dios bendiga a Colombia!
Amén
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