EL DOBLE RASERO NO FORTALECE LA DEMOCRACIA
Necesita periodistas críticos.
Necesita ciudadanos vigilantes.
Pero también necesita una virtud
indispensable: la coherencia.
Durante años, Colombia fue testigo de
escándalos, denuncias de corrupción,
improvisaciones administrativas y decisiones
que generaron una profunda indignación
nacional.
Muchos levantaron la voz.
Otros guardaron silencio.
Hoy, apenas iniciado un nuevo gobierno,
pareciera que el nivel de exigencia ha
cambiado radicalmente.
Un nombramiento.
Una fotografía.
Un antiguo trino.
Una amistad.
Un familiar.
Todo se convierte en motivo de escándalo.
El control al poder es indispensable.
Pero ese control pierde autoridad moral
cuando se ejerce con criterios distintos según
quién gobierne.
La ética pública no puede tener dos varas
de medir.
Si ayer se exigía transparencia, hoy también
debe exigirse.
Y si ayer se justificaban silencios frente a
determinadas conductas, hoy no puede
pretenderse una pureza absoluta como
condición exclusiva para unos y no para otros.
La democracia no necesita inquisidores.
Necesita instituciones fuertes, investigaciones
serias y servidores públicos que respondan
por sus actos.
El nuevo Gobierno será juzgado por sus
resultados.
Y esa evaluación debe hacerse con el mismo
rigor con que debieron evaluarse todos los
gobiernos anteriores.
Porque la justicia selectiva dejar de ser justicia.
Y el doble rasero termina debilitando la
credibilidad de quienes dicen defender la ética pública.
Amén
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