EL DÍA DESPUÉS
Por Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Experto Derecho Constitucional-
Ayer Colombia cambió de Presidente.
Hoy comienza el verdadero examen.
El juramento pronunciado ayer no fue únicamente una fórmula constitucional.
Fue un compromiso ante Dios, ante la Nación y ante la historia.
No comenzó hablando de poder.
Comenzó hablando de gratitud.
No habló primero de adversarios.
Habló de reconciliación.
No convocó a una parte de Colombia.
Convocó a todos los colombianos.
A quienes lo acompañaron desde el primer día.
A quienes se sumaron después.
Y también a quienes nunca caminaron con él.
Ese gesto tiene un enorme valor republicano.
Porque un Presidente puede ser elegido por una mayoría.
Pero gobierna para toda la Nación.
El discurso también dejó una idea que
atravesó toda su intervención.
La autoridad del Estado.
La autoridad frente al crimen.
La autoridad frente a la corrupción.
La autoridad frente a quienes durante años
confundieron el poder con el privilegio.
No fue un discurso construido alrededor del
resentimiento.
Fue un discurso construido alrededor de una
promesa.
La de recuperar instituciones.
La de devolver confianza.
La de restablecer la autoridad de la ley.
Y quizá la palabra que mejor resume el
mensaje presidencial sea precisamente esa:
responsabilidad.
Responsabilidad para gobernar.
Responsabilidad para administrar los recursos
públicos.
Responsabilidad para proteger la libertad.
Responsabilidad para representar dignamente
a Colombia en el mundo.
Desde hoy ya no existen candidatos.
Ya no existen campañas.
Existe un Gobierno.
Y como ocurre en una democracia madura,
llegará el tiempo de apoyar aquello que
beneficie al país, de señalar con respeto
aquello que pueda corregirse y de exigir
siempre que el poder permanezca sometido a
la Constitución y a la ley.
Porque esa es la esencia de una República.
El entusiasmo de ayer deberá transformarse
desde hoy en trabajo.
La esperanza deberá convertirse en resultados.
Y las palabras pronunciadas durante el
juramento deberán reflejarse en cada decisión
de gobierno.
Ayer terminó una etapa.
Hoy comienza otra mucho más difícil.
Pero también mucho más importante.
Porque la historia no recuerda solamente a
quienes llegaron al poder.
Recuerda, sobre todo, a quienes supieron
ejercerlo con honor, prudencia y espíritu de
servicio.
Que Dios ilumine al Presidente de la República.
Y que Dios bendiga a Colombia.
Amén
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