martes, 11 de agosto de 2026

"PERO LO QUE REALMENTE SOSTIENE A COLOMBIA NO SON EL CONCRETO NI EL ACERO. ES LA SOLIDARIDAD DE SU PUEBLO":

 



HOY LA PATRIA NOS NECESITA A TODOS





Por Martín Eduardo Botero -Doctorado (P.h.D) Experto Constitucionalista-




En apenas sus primeros días de gobierno, el Presidente ha debido enfrentar una de las pruebas más difíciles que puede vivir un jefe 
de Estado: una tragedia nacional. Frente al dolor no hay espacio
para divisiones. Es el momento de acompañar a las víctimas,
respaldar a quienes trabajan en el rescate y confiar en la capacidad
de Colombia para levantarse una vez más. Dios bendiga a
Colombia.


Amén


EL DOLOR DE UN PAÍS, LA FUERZA DE UNA NACIÓN


El terremoto no distinguió entre ciudades, regiones clases sociales ni ideologías.

Golpeó hogares, destruyó edificios, arrebató vidas y sembró angustia en miles de familias colombianas.

Hoy Colombia llora a sus primeras víctimas. Cada una de ellas representa una historia interrumpida, una familia rota, un sueño que quedó bajo los escombros.

A todas ellas les debemos respeto, solidaridad y memoria.

Pero cuando una Nación es golpeada por la tragedia también emerge lo mejor de su espíritu.

Miles de rescatistas, bomberos, policías, soldados, médicos, enfermeros y voluntarios trabajan sin descanso para salvar vidas.

Colombia vuelve a demostrar que, en las horas más difíciles, sabe unirse.

El Presidente de la República enfrentó esta tragedia prácticamente en sus primeros días de gobierno.

Desde el primer momento asumió la dirección de la emergencia, recorrió las zonas afectadas, movilizó a todo el Gobierno, dispuso el despliegue de los organismos de socorro de socorro y mantuvo informada a la Nación de manera permanente.

En momentos como estos no hay espacio para cálculos políticos.

Hay una sola prioridad. proteger la vida, rescatar a quienes aún esperan ayuda y acompañar a quienes lo han perdido todo.

Vendrá el tiempo para evaluar daños, reconstruir ciudades, fortalecer la prevención y aprender las lecciones que deja que deja esta tragedia.

Hoy, en cambio, es el momento de la unidad. Porque los edificios podrán levantarse nuevamente.

Las carreteras volverán a abrirse.

Las ciudades renacerán.

Pero lo que realmente sostiene a Colombia no son el concreto ni el acero.

Es la solidaridad de su pueblo.

Es la vocación de servicio de quienes hoy 

arriesgan su vida por salvar la de otros.

Es la capacidad de una Nación para 

permanecer unida cuando más la necesitan

sus hijos.

El dolor de un país jamás podrá ser más grande

que la fuerza de una Nación decidida a

levantarse.

Que Dios proteja a Colombia, consuele a las 

familias de las víctimas y de fortaleza a todos

los hombres y mujeres que hoy trabajan

incansablemente para salvar vidas y

reconstruir la esperanza.

Amén   

 

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